🕊️ Desde adentro: mi
fe con sabor a mezcla
Soy católico.
Pero no de una sola línea, ni de una única escuela.
Mi fe es un retablo vivo donde conviven el rigor ignaciano, la ternura
salesiana, las llamas del purgatorio y los cantos libertarios de los pobres.
Mi padre, un hombre de silencios jesuitas y oraciones con
filo;
mi madre, devota sin ruido, fiel intercesora de las ánimas que aún buscan
descanso.
En casa, el Rosario convivía con la pregunta incómoda, la misa con la crítica
social, la cruz con la cruzada por los que no tienen voz.
De los Salesianos aprendí a sonreírle a los jóvenes.
De los Jesuitas, a pensar hasta que duela.
De las religiosas del purgatorio, a acompañar a quienes ya no tienen quien los
nombre.
Y de la Iglesia de la Liberación... aprendí que el Evangelio no se proclama
sólo desde el altar, sino desde la tierra pisada, la injusticia enfrentada y el
pan compartido.
Mi fe no es de mármol:
es de barro, de calle, de dudas que se arrodillan,
y de certezas que se levantan.
No creo en una Iglesia que se encierre.
Creo en una que se mezcla.
Que ora, pero también incómodo.
Que calla... pero solo para escuchar mejor el clamor de los olvidados.
Soy, entonces, una mezcla que no pide permiso.
Porque el Espíritu —como dijo alguien de mirada profunda—
sopla donde quiere.
Y a veces... sopla desde adentro.

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