viernes, 9 de mayo de 2025

 

✝️ Cristo no vino a explicar el mundo… vino a transformarlo

Reflexión personal a la luz de la teología de la liberación

Hay Evangelios que se leen mejor desde el silencio de una capilla…
Pero hay otros que solo se entienden al pie de una fosa común, frente a un jornalero sin salario, o en la mirada de una madre que espera a su hijo desaparecido.

Ahí, la pregunta no es si Dios existe.
La pregunta es: ¿Dónde está Dios?
Y más aún: ¿Dónde lo dejamos de buscar?

Fue la teología de la liberación la que me enseñó a leer el Evangelio con los pies descalzos y la vista agachada.
No desde la altura del púlpito, sino desde la grieta del pueblo.


🫂 Jesús, el que se metía en los líos del mundo

Jesús no fue neutral.
No vino a fundar una religión de domingos y templos limpios.
Se metió en casas mal vistas, comió con pecadores, tocó leprosos, desafió autoridades religiosas.
Su Evangelio no fue concepto, fue encuentro y riesgo.

Y por eso lo mataron.
Porque la verdad que incomoda siempre tiene precio.


🌿 La liberación no es solo política: es evangélica

Muchos desprecian la teología de la liberación porque la ven como ideología.
Pero quienes la viven saben que es una manera de seguir a Jesús desde el pueblo, con el pueblo y para el pueblo.
No se trata de “usar a Dios” para agendas sociales.
Se trata de descubrir a Dios en quienes han sido excluidos de toda agenda.

“Preferencia por los pobres” no es un eslogan.
Es una clave evangélica. Es lo que hace que la Iglesia no se vuelva un club de privilegiados, sino una casa con puertas abiertas y mesas alargadas.


✝️ La Iglesia que quiero: entre la calle y el altar

Yo sueño con una Iglesia que no tema mancharse.
Que predique desde el surco, no desde el mármol.
Una Iglesia donde Cristo vuelva a ser el de Nazaret… y no solo el del catecismo.

Y cuando dudo, cuando me canso, cuando la jerarquía parece más empresa que comunidad,
vuelvo a las palabras de Gustavo Gutiérrez, de Boff, de Romero, de Ellacuría…
y sobre todo, vuelvo al Cristo del Evangelio de Juan:
el que se quitó el manto, tomó la toalla y lavó los pies.

Ahí está mi fe.
No en un Dios lejano, sino en un Dios arrodillado.


Desde dentro,
porque el Reino no llega desde arriba,
sino desde abajo y en voz baja.

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