✝️ Cristo no vino a explicar
el mundo… vino a transformarlo
Reflexión personal a la luz de la teología de la
liberación
Hay Evangelios que se leen mejor desde el silencio de una
capilla…
Pero hay otros que solo se entienden al pie de una fosa común, frente a un
jornalero sin salario, o en la mirada de una madre que espera a su hijo
desaparecido.
Ahí, la pregunta no es si Dios existe.
La pregunta es: ¿Dónde está Dios?
Y más aún: ¿Dónde lo dejamos de buscar?
Fue la teología de la liberación la que me enseñó a leer el
Evangelio con los pies descalzos y la vista agachada.
No desde la altura del púlpito, sino desde la grieta del pueblo.
🫂 Jesús, el que se metía
en los líos del mundo
Jesús no fue neutral.
No vino a fundar una religión de domingos y templos limpios.
Se metió en casas mal vistas, comió con pecadores, tocó leprosos, desafió
autoridades religiosas.
Su Evangelio no fue concepto, fue encuentro y riesgo.
Y por eso lo mataron.
Porque la verdad que incomoda siempre tiene precio.
🌿 La liberación no es
solo política: es evangélica
Muchos desprecian la teología de la liberación porque la ven
como ideología.
Pero quienes la viven saben que es una manera de seguir a Jesús desde el
pueblo, con el pueblo y para el pueblo.
No se trata de “usar a Dios” para agendas sociales.
Se trata de descubrir a Dios en quienes han sido excluidos de toda agenda.
“Preferencia por los pobres” no es un eslogan.
Es una clave evangélica. Es lo que hace que la Iglesia no se vuelva un club
de privilegiados, sino una casa con puertas abiertas y mesas alargadas.
✝️ La Iglesia que quiero: entre
la calle y el altar
Yo sueño con una Iglesia que no tema mancharse.
Que predique desde el surco, no desde el mármol.
Una Iglesia donde Cristo vuelva a ser el de Nazaret… y no solo el del
catecismo.
Y cuando dudo, cuando me canso, cuando la jerarquía parece
más empresa que comunidad,
vuelvo a las palabras de Gustavo Gutiérrez, de Boff, de Romero, de Ellacuría…
y sobre todo, vuelvo al Cristo del Evangelio de Juan:
el que se quitó el manto, tomó la toalla y lavó los pies.
Ahí está mi fe.
No en un Dios lejano, sino en un Dios arrodillado.
Desde dentro,
porque el Reino no llega desde arriba,
sino desde abajo y en voz baja.
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